
Ni un paso.
Ni una palabra. Sin previo aviso.
Su jefe de seguridad lo condujo por un pasillo privado hasta una sala de monitoreo cerrada con llave, que rara vez se usaba salvo para comprobaciones del sistema y revisiones de seguridad de alto nivel.
Dentro, una pared de pantallas iluminaba la oscuridad.
La cocina.
El vestíbulo.
El salón formal.
El pasillo de la planta superior.