.
Recientemente revisé mi despensa, buscando principalmente pasta pero también evitando el trabajo de verdad. Ahí encontré una bolsa de papas… y estaban germinadas. No eran pequeños brotes, sino largos, como tentáculos alienígenas buscando la luz. Mi primer pensamiento: “Ugh”. El segundo: “¿Aún puedo comerlas o esto me va a matar?”
Resulta que las papas germinadas son más complicadas de lo que pensaba. Esto fue lo que aprendí.
Los brotes no solo son feos
Antes pensaba que los brotes eran solo un problema estético. Se veían raros, pero no eran peligrosos. Estaba equivocado.
Cuando una papa germina, empieza a producir glicoalcaloides—específicamente solanina y chaconina. Son toxinas naturales. No te matarán al instante, pero comer demasiadas puede provocar náuseas, calambres y dolores de cabeza. Sí, son reales, y sí, debes prestar atención.