
PARTE 2
Sonreí.
No discutí. No levanté la voz. No hice una escena frente a los niños.
Simplemente tomé los tres boletos de clase económica, los guardé en mi bolso y miré a Roger.
—Tienes razón —dije con calma—. Disfruta el vuelo con tu mamá.
Él sonrió con suficiencia, convencido de que había ganado.
Su madre incluso me lanzó una mirada de satisfacción antes de caminar hacia la fila de embarque prioritario.
Pero había un pequeño detalle que Roger había olvidado…
Yo era quien había reservado absolutamente todo el viaje.
Mientras ellos esperaban para abordar, saqué mi teléfono y marqué un número.
—Buenos días, habla Laura. Necesito hacer un pequeño cambio en mi reserva del Hotel Bahía Azul.
La recepcionista reconoció mi nombre enseguida.
—Claro, señora. ¿En qué podemos ayudarla?
Respiré hondo.
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