
—Quiero cancelar la suite principal donde estaban registrados mi esposo y mi suegra.
Hubo unos segundos de silencio.
—¿Desea cancelar toda la reserva?
—No. Solo esa habitación.
—Entendido. ¿Y la reserva de la Suite Familiar Premium?
Sonreí.
—Esa se queda exactamente como está… a mi nombre.
Cinco minutos después recibí el correo de confirmación.
Roger no tenía idea.
Cuando aterrizamos cuatro horas después, él salió de primera clase con una sonrisa enorme.
—¿Viste qué cómodo estuvo el vuelo? —preguntó.
—Me imagino.
Tomamos un taxi hasta el hotel.
Mientras yo hacía el check-in con los niños, Roger esperaba detrás de mí con los brazos cruzados.
La recepcionista me entregó una tarjeta.
—Bienvenida nuevamente, señora Laura. Su Suite Familiar Premium está lista.
Roger dio un paso al frente.
—Perfecto. ¿Y nuestra suite?
La recepcionista revisó la computadora.
Frunció el ceño.
—Lo siento, señor… esa habitación fue cancelada esta mañana.
Su sonrisa desapareció.
—¿¡Qué!?
—Debe ser un error.
La recepcionista negó con la cabeza.
—La cancelación fue autorizada por la titular de la reserva.
Todos giraron hacia mí.
Yo seguía acomodando la mochila de nuestra hija menor.
Roger me miró confundido.
—Laura… ¿qué hiciste?
Lo observé con tranquilidad.
—Lo mismo que tú hiciste conmigo.
—¿Cómo?
—Separé a la familia.
Su madre abrió mucho los ojos.
—¿Estás loca?
Negué lentamente.
—No. Solo seguí tu lógica. Si tú querías disfrutar unas vacaciones con tu mamá mientras yo cuidaba sola de los niños… pensé que también disfrutarían buscando dónde dormir juntos.
Roger empezó a ponerse nervioso.
—Laura, deja de jugar.
Saqué otra hoja de mi bolso.
Era la confirmación de la única habitación disponible para esa semana.
La Suite Familiar.
Continúa en la página siguiente