.
Desde la infancia, la relación con la madre influye en la autoestima y la forma de relacionarse. Cuando la madre es narcisista, los hijos crecen con críticas constantes, control y manipulación, afectando su salud emocional.
Las madres narcisistas suelen invalidar emociones (“estás exagerando”), culpar al hijo por todo y minimizar sus logros (“lo lograste gracias a mí”), generando dependencia emocional y baja autoestima. Muchos hijos desarrollan inseguridad, ansiedad, depresión o una necesidad constante de aprobación.
Aunque hacia afuera pueden parecer encantadoras, en casa muestran frialdad y exigencia, lo que confunde a los hijos. Salir de este ciclo requiere poner límites, buscar apoyo psicológico y rodearse de personas que valoren realmente al hijo. Reconstruir la identidad y sanar es posible con pasos conscientes hacia la libertad y el amor propio.