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Con el paso de los años, las uñas también reflejan el envejecimiento del cuerpo. Lo que popularmente se conoce como “uñas de viejo” no es una enfermedad, sino cambios naturales: se vuelven más gruesas, opacas, frágiles, con alteraciones de color o forma, y crecen más lentamente.
Estas modificaciones se deben principalmente a la disminución de la renovación celular, la menor circulación sanguínea y la reducción en la producción de queratina, lo que afecta su resistencia. En las uñas de los pies, el uso prolongado de calzado y pequeños traumatismos hacen que estos cambios sean más notorios. Además, enfermedades crónicas como la diabetes o problemas circulatorios pueden acentuarlos, y a veces se confunden con infecciones por hongos.
Aunque son cambios normales, no todo debe atribuirse a la edad. Dolor, mal olor, desprendimientos o cambios bruscos de color requieren consulta médica. Con buenos cuidados —higiene, corte regular, hidratación y calzado cómodo— es posible mejorar su aspecto y prevenir complicaciones.