
Mi teléfono vibró antes de activar el modo avión.
Era mi equipo en Denver.
“El acuerdo depende de su llegada.”
Horas antes, ese mensaje habría sido suficiente para mantenerme concentrado.
Ahora no podía dejar de pensar en dos niños sentados detrás de mí.
Dos niños que podían ser míos.
Mientras el avión ascendía entre las nubes oscuras, recordé a Cassandra.
Recordé cómo era antes de que todo cambiara.
Ella siempre encontraba luz donde yo solo veía problemas.
Cuando había tormentas decía que las nubes estaban moviendo muebles.
Cuando teníamos dificultades económicas inventaba juegos para que pareciera una aventura.
Ella hacía que una vida complicada pareciera sencilla.
Y yo estaba demasiado ocupado construyendo una empresa para darme cuenta de que estaba perdiendo a la persona que más me conocía.
Entonces llegó la turbulencia.
El avión se movió con fuerza.
Algunas personas se asustaron.
Desde mi asiento escuché un pequeño llanto.
La niña.
Violet.
Cassandra la abrazó.
—Está bien, cariño.
Su voz era tranquila.
—Las nubes solo están bailando con nosotros.
Sentí un golpe en el pecho.
Porque esa frase no era nueva.
Yo la había escuchado antes.
Una noche años atrás.
Cuando Cassandra y yo todavía creíamos que teníamos todo el tiempo del mundo.
Ella no había olvidado.
Yo sí.
Cuando la señal del cinturón desapareció, me levanté.
Caminé hacia ellos.
Cassandra me vio acercarme.
Su expresión cambió inmediatamente.
Apretó a los niños contra ella.
Como si todavía esperara que yo pudiera quitárselos.
Y eso me dolió más que cualquier acusación.
—Necesito la verdad —dije.
Cassandra permaneció en silencio.
Miró a Luke.
Después a Violet.
Luego finalmente a mí.
—Son tuyos.
Continúa en la página siguiente