
Parte 2: Los policías entraron primero y revisaron cada habitación mientras Sofía permanecía junto a la puerta, apretando contra el pecho la copia del informe médico.
Cuando confirmaron que Diego aún no había regresado, ella abrió la primera caja. Guardó su ropa, la computadora, los discos duros externos y los documentos que demostraban que el departamento le pertenecía desde antes del matrimonio.
También empacó las joyas de su abuela, la cafetera que había comprado con su primer sueldo y la vajilla azul que Diego siempre llamaba “nuestra”, aunque jamás había pagado un solo plato.
Uno de los policías encontró en el cajón del comedor varios recibos de compras realizadas por Susana.
Sofía reconoció cargos que Diego había descrito como gastos de la casa, pero no se detuvo a discutirlos ni a buscar más pruebas.
Fotografió los recibos con su teléfono y los guardó junto con sus documentos. Antes de salir, colocó dos cosas sobre la mesa.
Una copia de la denuncia. Y su anillo de bodas. A las 6:43 de la tarde, Diego abrió la puerta con Susana detrás de él.
Ambos venían riéndose, convencidos de que Sofía seguiría en la cocina, asustada y lista para obedecer.
Diego dio dos pasos y se quedó inmóvil. El departamento estaba casi vacío. No había ropa en el clóset, documentos en el escritorio ni computadora en la habitación.
Sobre la mesa solo encontró el anillo y la denuncia con su nombre completo. Susana dejó de reír cuando leyó la primera línea.
Diego levantó la vista y comprendió que Sofía no solo se había ido. También se había llevado todo aquello que él creyó controlar.
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