
Cada superficie húmeda parecía un posible escondite.
Cada pipa de repente parecía un camino que conducía a algún lugar que no quería imaginar.
Empecé a pensar en la gente que había usado el baño antes que yo.
¿Alguien lo había notado?
¿Alguien lo había pisado accidentalmente?
¿Había estado allí durante horas?
¿O de alguna manera había aparecido sólo recientemente?
La idea de tocarlo accidentalmente hizo que mi estómago girara.
Me mantuve alejado de él mientras trataba de entender lo que estaba viendo.
Finalmente, la curiosidad ganó por encima del miedo.
Me acerqué cuidadosamente y lo volví a examinar.
Esta vez me di cuenta de algo que no había visto antes.
La superficie no parecía de plástico.
Tenía una textura extraña y húmeda.
Y luego lo vi.
Un ligero movimiento.
Era sutil, tan sutil que casi me convencí de que lo había imaginado.
Pero luego se movió de nuevo.
Mi estómago se cayó.
No era un pedazo de basura.
No era goma.
No era un objeto aleatorio el que había caído al suelo.
Estaba vivo.