
Valentina abrazó con más fuerza a su hermano. Daniela comenzó a llorar.
—No tenía otro lugar adonde ir.
Le ordené que me explicara todo.
Valentina vivía con su madre, su padrastro y Nico. Según contó, su madre había sido hospitalizada después de sufrir una caída grave. El padrastro les dijo a los vecinos que había ocurrido en las escaleras, pero Valentina aseguraba que él la había empujado durante una discusión.
Cuando la madre quedó ingresada, el hombre comenzó a descargar su rabia contra los niños. Gritaba, rompía objetos y amenazaba con enviar a Nico a otra familia si Valentina hablaba. Una noche, después de beber, intentó llevarse al niño en el automóvil. Valentina se interpuso y recibió un golpe en el brazo.
Entonces tomó una mochila, envolvió a su hermano en una manta y salió de la casa mientras el padrastro dormía.
Primero intentó quedarse con una vecina, pero la mujer tuvo miedo de involucrarse. Después llamó a una tía que vivía lejos, aunque nunca respondió. Finalmente escribió a Daniela, su compañera desde hacía dos años.
Mi hija le dijo que viniera a nuestra casa.
—¿Por qué no me lo contaste? —pregunté.
—Porque pensé que llamarías a la policía y los devolverían con él.
—La policía no entrega a los niños sin investigar.
—Valentina dice que nadie le cree. Él siempre parece amable delante de los demás.
Miré a la muchacha. Tenía un moretón oscuro alrededor del brazo y una pequeña herida cerca de la ceja. Nico permanecía en silencio. Era demasiado callado para un niño de su edad.
Mi enojo comenzó a mezclarse con otra emoción: miedo. Ya no temía que mi hija estuviera haciendo algo peligroso por rebeldía. Temía que dos niños realmente estuvieran huyendo de una situación grave y que cualquier decisión equivocada pudiera empeorarla.
Me arrodillé frente a Valentina.
—No voy a llamar a tu padrastro. Pero tampoco pueden seguir escondidos aquí. Necesitamos buscar ayuda de una forma segura.
La joven negó con desesperación.
—Se llevará a Nico. Dice que no soy su madre y no puedo decidir nada.
—Tienes razón en que no puedes enfrentar esto sola. Daniela tampoco. Pero hay adultos y profesionales que deben protegerlos.
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