
Era una tarde cualquiera en el supermercado. Los carritos avanzaban lentamente entre los pasillos, las cajas registradoras no dejaban de sonar y los clientes hacían sus compras con la rutina habitual de un día de semana. Nadie parecía prestar demasiada atención a quienes tenía alrededor. Cada persona estaba concentrada en su propia lista de productos, en el reloj o en llegar cuanto antes a casa.
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