
La verdadera cara de la economía
En la caja, un llavero plateado. Grabada en él, esta sencilla y conmovedora inscripción:
*”Para alguien que siempre conoció el valor de una moneda. “*
En ese momento todo se reconfiguró en la mente del joven. Su abuelo no era tacaño. Estaba lúcido. Cauteloso. Él sabía exactamente lo que significaba cada esfuerzo, cada sacrificio hecho. No escatimó esfuerzos por el placer de acumular, sino porque comprendió instintivamente que ciertos momentos merecen que se pongan todas sus reservas en ellos.
Años de juicios apresurados se habían derrumbado en cuestión de segundos.
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