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El presidente de EE. UU., Donald Trump, besa a la canciller alemana Angela Merkel mientras los líderes del G7 y sus invitados se reúnen para la foto de familia frente al faro de Biarritz, en el segundo día de la cumbre anual del G7 en Biarritz, Francia.
Para los alemanes, la sesión de trabajo del viernes entre el presidente Trump y la canciller Angela Merkel en la Casa Blanca resultó inesperadamente cordial y, por momentos, extraña.
La canciller, habitualmente reservada, se mostró sorprendida cuando Donald Trump la saludó con un beso en cada mejilla, un gesto que el presidente pareció haber adoptado de los franceses durante la reciente visita de Estado del presidente de Francia, Emmanuel Macron.
Sin embargo, no es una tradición alemana, y los besos provocaron una avalancha de comentarios en Alemania, incluido uno del tabloide Bild, que en un video calificó ese saludo íntimo como la “primera sorpresa” del encuentro entre Trump y Merkel.
Siguieron otras sorpresas, como que Trump estrechara repetidamente la mano de Merkel. (Su primer encuentro se recuerda sobre todo por la ausencia de apretones de manos.) El presidente también elogió efusivamente que la canciller hubiera ganado un cuarto mandato.