
Incluso había fotografías que nunca había visto antes.
Una gran fotografía de mi madre estaba colgada en la pared.
Sobre la mesa había cartas antiguas, documentos y sobres cerrados.
Y junto a la cama había una maleta abierta.
Di un paso hacia atrás.
“¿Qué es todo esto…?”
En ese momento, la puerta se movió detrás de mí.
Me di la vuelta.
Richard estaba allí.
“No tengas miedo.”
“¿Que no tenga miedo? Has llenado una habitación entera con fotografías mías. ¿Qué está pasando?”
Parecía querer hablar, pero durante unos segundos no pudo decir nada.
Entonces tomó un viejo sobre marrón de la mesa.
“Tu padre me hizo prometer que no te daría esto hasta que cumplieras veintisiete años.”
Lo miré fijamente.
“¿Mi padre?”
Richard asintió.
“Por eso te traje aquí. Mañana este hotel cerrará por reformas. Y esta habitación significa algo muy importante para mí.”
Le dio la vuelta a la fotografía de mi madre.
En la parte posterior había un mensaje escrito a mano.
Habitación 214. El día en que todo comenzó.
Yo seguía sin entender nada.
Richard se sentó en una silla.
“Tus padres se conocieron en este hotel.”
No dije nada.
“Pero esa no es toda la historia.”
Abrió el sobre.
Dentro había una carta escrita con la letra de mi padre.
Resultó que, durante los meses anteriores a su muerte, mi padre había estado preparando algo para mí.
Había reunido fotografías de mi infancia, cartas de mi madre, pequeñas notas escolares e incluso viejas tarjetas que yo le había regalado cuando era niña.
Le había pedido a Richard que guardara todo aquello en un lugar seguro.
Continúa en la página siguiente