
Parte 1
Ocho meses después de abandonarla llamándola estéril, Alejandro Robles telefoneó a Lucía desde Monterrey para invitarla a su boda y presumirle que su prometida estaba embarazada kara.Organiza Tu Boda
Lucía respondió desde una habitación del Hospital San Javier, en Guadalajara. Apenas había amanecido. Le dolía todo el cuerpo y llevaba menos de 24 horas siendo madre. A su lado, envuelta en una manta color crema, dormía una niña con el mismo hoyuelo que Alejandro tenía en la barbilla.
—Ven a mi boda —dijo él, sin saludar—. Tal vez así entiendas cómo luce una mujer capaz de formar una familia.
Lucía cerró los ojos.
—¿De quién hablas?
—De Renata. Tiene 5 meses de embarazo. Ella sí pudo darme lo que tú nunca me diste.
Durante 6 años, Lucía había amado a ese hombre. También había soportado 2 pérdidas gestacionales, consultas interminables y cenas familiares en las que Beatriz, su suegra, hablaba de “mujeres incompletas” mientras fingía compasión.Organizar Fotos Familiares
Renata había sido la asistente de Alejandro. Después se convirtió en su amante y, antes de que el divorcio quedara firmado, ya vivía en la casa que Lucía había decorado.
—¿Sigues ahí? —preguntó Alejandro.
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