
Y, sin embargo, su nombre aparecía ahora en el centro de una investigación que también involucraba a Rachel.
En ese momento llamaron a la puerta.
Era mi madre.
Tenía los ojos enrojecidos.
—Emily, necesito hablar contigo.
Me acerqué inmediatamente.
—Mamá, ¿qué sucede?
Ella miró al rey.
Después a Alexander.
Finalmente bajó la cabeza.
—Creo que ya no podemos seguir ocultándolo.
Sentí un escalofrío.
—¿Ocultar qué?
Mi madre comenzó a llorar.
—Tu padre me hizo prometer que nunca te contaría lo que ocurrió después de aquella operación.
La miré horrorizada.
—¿Qué ocurrió?
Ella tomó mi mano.
—El hombre que aparece en esa fotografía vino a nuestra casa hace seis años.
El rey se levantó lentamente.
—¿Está segura?
Mi madre asintió.
—Traía una carta y exigía hablar con Richard.
Alexander apretó la mandíbula.
—¿Qué decía la carta?
Mi madre cerró los ojos.
—No lo sé. Pero después de leerla, tu padre pasó toda la noche revisando documentos.
Entonces me miró directamente.
—Emily, al día siguiente me dijo algo que nunca he podido olvidar.
Mi corazón golpeaba violentamente.
—¿Qué te dijo?
Su voz se quebró.
—Que si algún día Rachel se acercaba a la familia real, debíamos averiguar quién la había llevado hasta ellos.
Me quedé completamente inmóvil.
—¿Por qué?
Mi madre sacó un pequeño sobre amarillento de su bolso.
—Porque antes de morir, tu padre dejó esto para ti.
Reconocí su letra inmediatamente.
En el frente había escrito:
«Para Emily. Abrir únicamente si el pasado vuelve a nuestra familia».
Con las manos temblorosas abrí el sobre.
Dentro había una fotografía antigua.
Mostraba a mi padre junto al hombre rescatado.
Y en el reverso aparecía una frase que me dejó sin respiración.
«La persona que salvó Emily no era un diplomático. Era el hombre que conocía el verdadero origen de la sucesión real».
Levanté lentamente la mirada hacia el rey.
Su rostro había perdido todo el color.
Y entonces comprendí que mi hermana no había llegado a aquella boda por una simple historia de amor.
Alguien llevaba años preparando su encuentro con el príncipe Alexander. Y mi padre había descubierto una parte de ese secreto antes de morir.