
La furosemida, la hidroclorotiazida y la clortalidona hacen que los riñones eliminen más agua y sal. Son muy útiles para controlar la hipertensión o evitar que se acumule líquido en las piernas o los pulmones. El inconveniente es que, junto con el agua, se pueden perder potasio, sodio y magnesio, y el corazón necesita esos minerales en equilibrio para latir con normalidad. Si bajan demasiado pueden aparecer calambres, debilidad, mareos e incluso arritmias peligrosas.
Si además orinas muchísimo y bebes poco, puedes deshidratarte, y la presión puede caer lo suficiente como para afectar los riñones. Tomar un diurético no es motivo para dejarlo, pero sí para hacerte análisis de sangre periódicos y ajustar la dosis con tu médico.
4. Los antigripales con descongestionantes
Los productos que «destapan la nariz» suelen contener pseudoefedrina o fenilefrina. Estas sustancias cierran los pequeños vasos de la mucosa nasal y alivian la congestión, pero el efecto no se limita a la nariz: también pueden estrechar otros vasos del cuerpo, elevar la presión y obligar al corazón a latir más rápido. En una persona joven y sana quizá pase inadvertido; en alguien con hipertensión, arritmias o enfermedad cardíaca, o simplemente mayor de 60, puede ser un problema serio.
La recomendación práctica es leer la letra pequeña del envase antes de comprar cualquier antigripal y buscar esos dos nombres. Muchas veces creemos que tomamos una sola pastilla cuando en realidad es una mezcla de varios principios activos. Ante la duda, pregúntale al farmacéutico o a tu médico.
5. Algunos medicamentos para la diabetes
La glimepirida, la glibenclamida y la glipizida hacen que el páncreas libere más insulina. Ayudan a bajar el azúcar, pero a veces lo bajan demasiado y provocan hipoglucemia. ¿Qué tiene que ver con el corazón? Cuando el azúcar cae, el cuerpo libera adrenalina: aparecen sudor, temblores y palpitaciones, y si la hipoglucemia es importante, el ritmo cardíaco puede alterarse y el corazón sufre un estrés adicional.
Esto merece más atención después de los 60, si comes a horarios irregulares o te saltas comidas, y sobre todo si tus riñones no funcionan bien, porque entonces estos fármacos permanecen más tiempo en el organismo. Si tienes diabetes tipo 2 junto con enfermedad renal o arterias comprometidas, pregúntale a tu médico si existen opciones más modernas, como los inhibidores de SGLT2 o los agonistas de GLP-1, que además de controlar el azúcar han mostrado beneficios para el corazón y los riñones.
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