
Porque sabía que tenía razón.
Tres días después, la auditoría reveló que Valeria había utilizado varias sociedades para desviar las transferencias.
Pero el hallazgo más sorprendente no estaba relacionado con el dinero.
Entre los archivos aparecía un correo enviado por Valeria a un antiguo administrador del hospital.
El asunto decía:
«Expediente de Elena Carvajal — mantener confidencial».
El mensaje incluía informes médicos de mi embarazo y documentos sobre el nacimiento de Adrián.
Sentí un escalofrío.
Valeria no solo sabía que mi hijo existía.
Había seguido nuestra vida desde la distancia.
Aquella noche recibí una llamada de un número desconocido.
—Señora Carvajal, soy el doctor Esteban Ríos. Trabajé con Rodrigo hace diecinueve años.
—¿Qué necesita?
Su voz temblaba.
—Tengo información sobre los documentos que Valeria consiguió después de su divorcio.
Me incorporé lentamente.
—¿Qué información?
—No puedo hablar por teléfono. Pero hay algo que debe saber antes de reunirse con Rodrigo nuevamente.
Sentí que el corazón comenzaba a golpearme.
—¿Qué cosa?
El médico respiró profundamente.
—Valeria no actuó sola.
A la mañana siguiente, Esteban llegó al hotel con una carpeta antigua.
—Durante años guardé estos documentos porque temía perder mi empleo —confesó.
Dentro había registros de acceso al archivo médico del hospital.
Varias personas habían consultado mi expediente sin autorización.
Entre ellas figuraba Valeria.
Pero también aparecía otro nombre.
Mateo Salgado.
El hijo de Rodrigo y Valeria.
Fruncí el ceño.
—Mateo era un bebé cuando nació Adrián.
Esteban asintió.
—Por supuesto. Ese acceso es reciente, de hace ocho meses.
Sentí un escalofrío.
—¿Por qué Mateo estaría investigando mi embarazo?
El médico bajó la mirada.
—Porque descubrió algo sobre su propia familia.
Aquella tarde, Adrián recibió un correo anónimo.
Contenía una fotografía de Mateo junto a varios documentos médicos.
Debajo había una frase:
«Antes de aceptar a Rodrigo como tu padre, averigua por qué Mateo lleva meses intentando impedir que conozcas tu verdadero origen».
Adrián me mostró el mensaje.
—Mamá, ¿qué significa esto?
No supe responder.
Entonces llegó un segundo correo.
Esta vez contenía una copia de una solicitud de prueba genética presentada por Mateo.
El resultado estaba protegido.
Pero en la última página aparecía una anotación manuscrita:
«Parentesco paterno no confirmado».
Sentí que las piernas me fallaban.
Llamé inmediatamente a Esteban.
—¿Qué está pasando?
El médico guardó silencio.
—Señora Carvajal, Mateo descubrió hace ocho meses que Rodrigo podría no ser su padre biológico.
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