
Tres meses después, nuestra empresa ganó el contrato de NordTech.
Las investigaciones sobre Crane Holdings continuaban y el despacho de Grant perdió varios clientes importantes.
Mi divorcio también siguió adelante.
No fue fácil.
Hubo días en los que lloré a solas, recordando a la mujer que había sido antes de casarme.
Pero cada mañana, cuando Josie corría hacia mis brazos, recordaba por qué había tomado aquella decisión.
Una tarde, mientras observaba Londres desde la ventana de mi despacho, mi madre se acercó.
—¿Te arrepientes de haber regresado?
Sonreí.
—Sólo me arrepiento de haber olvidado quién era.
Mi madre me abrazó.
—Nunca dejaste de ser esa mujer, Vivian. Simplemente necesitabas volver a encontrarla.
Pensé que la historia había terminado.
Hasta que, aquella noche, Tessa entró apresuradamente en mi oficina con un sobre rojo.
—Vivian, llegó esto por mensajería privada. No tiene remitente.
Dentro había una fotografía antigua.
Aparecían Grant, Isabelle y mi padre fallecido, sentados alrededor de una mesa.
En el reverso alguien había escrito:
**“Tu matrimonio nunca fue una coincidencia. Pregúntale a tu madre qué ocurrió hace cinco años”.**
Sentí que el suelo desaparecía bajo mis pies.
Porque mi padre había muerto antes de que yo conociera a Grant.
Y si aquella fotografía era auténtica, significaba que alguien de mi propia familia llevaba años ocultándome la verdad.
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