Así que limpió.

Al salir, ya de noche, vio a Mateo recargado junto a un coche sencillo. Esta vez llevaba una camisa azul y el cabello menos desordenado.

—Lucía.

Ella se sorprendió.

—¿Cómo sabe mi nombre?

Mateo señaló su gafete.

—Es difícil no verlo.

Lucía se rió por primera vez en todo el día.

—Cierto. Se me olvidó quitármelo.

Él sacó una pequeña bolsa.

—Quería comprar un reloj para alguien especial, pero no en una tienda como esa. ¿Conoce algún lugar bueno, sin que me vean feo por preguntar precios?

Lucía dudó, pero terminó guiándolo a una relojería más modesta cerca de Reforma. Mientras caminaban, hablaron de cosas simples: tacos, tráfico, el clima absurdo de la ciudad. Mateo parecía torpe, pero atento. Eso la hizo bajar la guardia.

En la tienda, él eligió un reloj de acero pequeño.

—¿Para novia? —preguntó ella, medio bromeando.

—Para un niño de doce años —respondió Mateo—. Vive en una casa hogar. Es su cumpleaños.

Lucía dejó de sonreír.

—¿Usted ayuda ahí?

—A veces.

No dijo más. Pero sus ojos cambiaron. Lucía reconocía ese tipo de silencio. Era el silencio de quienes han perdido demasiado.

Esa noche, Mateo le escribió.

“¿Fernanda volvió a molestarte?”

Lucía miró el mensaje desde su cuarto pequeño, sentada junto a un plato de sopa instantánea.

“Estoy bien. No te preocupes. La gente habla porque puede. Yo trabajo porque debo.”

Mateo apretó el celular con rabia. En su oficina privada, abrió las cámaras de seguridad de la sucursal. Vio a Fernanda ignorando clientes, burlándose de Lucía, dejándole trabajo extra, escondiendo una comisión y hablando mal de ella con el gerente.

Guardó los videos.

—Se creen dueños de mi empresa —murmuró—. Se les olvidó quién firma los contratos.

El domingo, Lucía fue a una casa hogar en Coyoacán con cuadernos y colores para los niños. Al entrar al patio, se quedó helada.

Mateo estaba sentado en una banca, hablando con un niño de cabello despeinado. En la muñeca del pequeño brillaba el reloj que habían comprado juntos.

—¿Mateo?

Él se levantó, sorprendido de verdad.

—Lucía… no sabía que venías aquí.

Ella se sentó a su lado.

—Yo crecí viniendo a este lugar. Cuando mi mamá se enfermó, las monjas nos ayudaban con comida.

Mateo bajó la mirada.

—Yo crecí aquí.

Lucía lo miró sin pestañear.

—Mis papás murieron cuando tenía diez años —dijo él—. Después mi abuelo me cuidó, pero también murió. Esta casa fue lo único que tuve.

Lucía sintió que algo dentro de ella se ablandaba.

—Mi papá no murió —susurró—. Ojalá hubiera sido así. Apostaba, bebía y golpeaba las paredes para que mi mamá llorara en silencio. Cuando entré a la universidad, tuve que dejarla para trabajar. Mi mamá murió debiendo hospital. Desde entonces aprendí que nadie viene a salvarte.

Mateo quiso tomarle la mano, pero no se atrevió.

Lucía se limpió una lágrima rápido, como si le diera coraje haberla dejado salir.

—Pero ya pasó. Aquí seguimos, ¿no?
Continúa en la página siguiente

Related Posts

El dueño millonario entró vestido como un cliente humilde a su propia relojería… y una empleada lo hizo arrepentirse de su mentira

PARTE 1 “En esta tienda no atendemos a gente que parece venir saliendo del Metro”, soltó Fernanda, sin bajar la voz. El hombre que acababa de entrar…

El rostro de Lucía se endureció, pero no bajó la mirada. —Sí, vengo de abajo. Mi mamá vendía tamales afuera del Metro Hidalgo y mi papá nos…

Luego corrió con las niñas para enseñarles a hacer flores de papel. Mateo la miró con el pecho apretado. Ya no era curiosidad. Ya no era culpa….

Lucía se quitó el gafete y lo dejó sobre el mostrador. —Necesito salir. Nadie se atrevió a detenerla. Esa tarde, Mateo la esperó en el Parque México…

La niña pintó la cara del millonario dormido y terminó descubriendo al verdadero ladrón de la mansión

PARTE 1 —Si esa niña ensucia algo de esta casa, se van las 2 antes de que termine el día. Rodrigo Cárdenas dijo la frase sin levantar…

Se recostó en el sillón y cerró los ojos. No estaba dormido. Quería ver qué hacían cuando creían que nadie las vigilaba. Elena estaba en el comedor….

Leave a Reply

Your email address will not be published. Required fields are marked *