
—¿Qué es esto, Beatrice? —grité, con la voz temblorosa mientras señalaba a la serpiente—. ¡No puedes dejarme aquí!
Entró en la habitación, con los tacones resonando sobre el suelo pulido y una sonrisa arrogante dibujada en el rostro.
—Oh, pero sí puedo, Helen. Esta es tu iniciación. Una lección sobre la realidad de la vida que estás buscando.
—¿Crees que esto es divertido? ¡Esto no es un juego!
Mi corazón se aceleró, cada latido más fuerte que el anterior mientras sentía los ojos de la serpiente sobre mí, enroscándose y sacando la lengua.
Su risa resonó contra las paredes.
—Es un rito de paso, querida. Mira el peligro que estás invitando a entrar en tu vida. La serpiente representa todo aquello que te atrae: el glamour, la emoción, pero también el riesgo.
Retrocedí lentamente, mirando impotente hacia la puerta.
—¡Estás loca! ¿Quieres asustarme para que abandone esta vida?
—No, Helen. Quiero que la entiendas. No puedes lanzarte de cabeza sin darte cuenta de las amenazas que acechan bajo la superficie. Nunca sobrevivirás si no aprendes cuáles son los peligros.
—¡Esto no es una lección! ¡Es cruel! —grité, sintiendo cómo las paredes se cerraban a mi alrededor mientras la serpiente volvía a sisear, con el cuerpo tenso—. ¡Sácame de aquí!
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