
Con el tiempo, Margaret se acostumbró tanto a Sunny que prácticamente perdió cualquier temor hacia ella. La pitón fue creciendo y se volvió pesada, hasta el punto de que la anciana ya no podía levantarla sola. Aun así, seguía dejándola salir del terrario únicamente bajo supervisión, permitiéndole desplazarse por la habitación o descansar junto al sofá mientras ella veía televisión.
Pero un día, la conducta del animal comenzó a cambiar.
Cambios preocupantes en el comportamiento
Primero, Margaret notó que Sunny se movía mucho menos y había rechazado su comida habitual en varias ocasiones. La mujer no le dio demasiada importancia, pues sabía que las serpientes pueden pasar largos períodos sin alimentarse.
Sin embargo, poco después ocurrió algo aún más extraño. Una noche, Margaret se despertó al sentir un peso presionando sus piernas. Al encender la lámpara, descubrió que Sunny había escapado del terrario y se encontraba tendida sobre la cama, junto a ella, casi extendiendo todo su cuerpo.
La anciana sonrió con ternura y volvió a dormirse. A partir de esa noche, la pitón repitió el gesto cada vez con más frecuencia. Primero solo se acostaba a su lado. Luego empezó a acercarse más. Y con el tiempo, comenzó a enroscarse lentamente alrededor de su cuerpo, cubriendo sus piernas, su abdomen e incluso acercándose al pecho.
Margaret interpretó esto como una muestra de afecto. Estaba convencida de que, después de tres años juntas, Sunny simplemente buscaba su calor y su compañía.
La visita que cambió todo
Un día, Daniella fue a visitar a su madre. Durante la charla en la cocina, Margaret le comentó, entre risas, lo cariñosa que se había vuelto Sunny y cómo cada noche se acostaba junto a ella e incluso se enroscaba a su alrededor. Luego le mostró un video que había grabado esa misma mañana.
La expresión de Daniella cambió por completo mientras miraba la grabación una y otra vez. Comenzó a interrogar a su madre:
¿Con qué frecuencia rechazaba Sunny la comida?
¿Cuánto tiempo pasaba acostada junto a ella?
¿Intentaba extenderse a lo largo de todo su cuerpo?
¿Se enroscaba alrededor de su abdomen?
¿Subía hacia el pecho y el cuello?
Tras escuchar cada respuesta, la veterinaria fue tajante: «Mamá, no dejes que vuelva a dormir contigo nunca más».
La verdad detrás del «cariño»
Daniella le explicó que el comportamiento inusual de una serpiente grande no debe interpretarse automáticamente como una muestra de afecto o como un intento de «abrazar» a una persona. Una pitón puede buscar calor, una posición cómoda o simplemente reaccionar al olor y a los movimientos humanos. Pero cuando intenta enroscarse firmemente alrededor del cuerpo durante el sueño, el riesgo es enorme, porque la persona no podrá detectar a tiempo un aumento peligroso de presión.
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