
El doctor Aris permaneció en silencio durante varios segundos.
Demasiados segundos.
David, que hasta ese momento había estado sonriendo como un hombre que ya celebraba una victoria, empezó a perder la paciencia.
—Doctor, ¿ocurre algo? —preguntó—. ¿Hay algún problema con el bebé?
Allison apretó la sábana con nerviosismo.
—¿Está todo bien?
El médico dejó el transductor sobre la mesa y miró nuevamente los documentos.
—Necesito confirmar algunos datos antes de continuar.
David frunció el ceño.
—¿Qué datos?
El doctor tomó aire.
—La información que aparece en este expediente no coincide con algunos resultados previos.
La habitación quedó completamente quieta.
Megan, que había llegado con David convencida de que ese día celebraría el nacimiento del nuevo heredero de la familia Coleman, dio un paso hacia adelante.
—Doctor, quizá hubo un error administrativo. Estamos hablando de mi sobrino.
El doctor la miró con profesionalismo.
—Señora, precisamente por eso debo ser cuidadoso.
Allison comenzó a ponerse pálida.
—David…
Él tomó su mano.
—Tranquila. Seguro es algo normal.
Pero por primera vez desde que había entrado a la clínica, su voz no sonaba segura.
El doctor abrió nuevamente el archivo.
—Señor Coleman, ¿usted es consciente de que esta paciente tenía antecedentes médicos registrados antes de esta consulta?
David parpadeó.
—¿Qué quiere decir?
El médico miró a Allison.
—Señorita Rivas, necesito que confirme algo. ¿Usted le informó al señor Coleman sobre su historial completo?
El rostro de Allison cambió.
Fue apenas un segundo.
Pero todos lo notaron.
David soltó lentamente su mano.
—Allison.
Ella evitó mirarlo.
—No pensé que fuera importante.
Megan cruzó los brazos.
—¿Qué significa eso?
El doctor cerró la carpeta.
—Significa que debemos hablar de algo antes de seguir hablando del embarazo.
David sintió que algo estaba mal.
Muy mal.
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