—Se presentó con una identidad diplomática que después resultó ser incorrecta.

Miré nuevamente la fotografía.

—¿Quién era realmente?

El rey guardó silencio durante varios segundos.

—Alguien relacionado con nuestra familia.

Alexander se acercó a la mesa.

—Padre, ¿qué está pasando?

El rey cerró los ojos.

—Durante años creímos que aquel hombre había desaparecido después de la evacuación.

—¿Y ahora?

—Ahora sabemos que regresó a Estados Unidos.

Sentí un escalofrío.

El asesor colocó una segunda fotografía sobre la mesa.

Era más reciente.

El hombre aparecía frente a un edificio de oficinas en Washington.

Pero lo que me dejó sin respiración no fue su rostro.

Fue la mujer que estaba junto a él.

Rachel.

Mi hermana.

—Eso es imposible —susurré.

Alexander tomó la fotografía.

Su expresión cambió por completo.

—¿Cuándo se tomó esto?

—Hace seis semanas —respondió el asesor.

Alexander levantó lentamente la mirada.

—Rachel me dijo que había pasado esa semana en Nueva York preparando la boda.

El rey se volvió hacia mí.

—Comandante, necesitamos saber si recuerda alguna conversación con ese hombre durante la evacuación.

Cerré los ojos.

La tormenta.

El olor a combustible.

Las olas golpeando la cubierta.

Y una voz masculina pronunciando una frase que entonces no comprendí.

«Si alguien pregunta por mí, diga que no me conoce».

Abrí los ojos.

—Sí, recuerdo algo.

Todos me miraron.

—Antes de subir al helicóptero, aquel hombre me entregó un pequeño sobre impermeable.

Alexander se acercó.

—¿Qué contenía?

Negué lentamente.

—Nunca lo abrí. Lo entregué siguiendo el procedimiento correspondiente.

El rey parecía profundamente preocupado.

—¿A quién?

Respiré hondo.

—Al oficial encargado de recibir los documentos de la operación.

Uno de los asesores consultó rápidamente su tableta.

—Según los registros, ese oficial se retiró del servicio hace cinco años.

—¿Su nombre? —preguntó Alexander.

El asesor levantó la mirada.

—Richard Carter.

Sentí que el suelo desaparecía bajo mis pies.

Mi padre.

—Eso no puede ser —susurré.

Mi padre nunca me había hablado de aquel sobre.

Nunca había mencionado que estuviera relacionado con la familia real.
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