
—¡Abuelo, no puede ser!
—Por eso me viste tantas veces cerca de tu casa. Estaba organizando todo con un notario. Y el dinero que retiré del banco era para terminar de pagarla y arreglarla.
Empecé a llorar.
Pero entonces comprendí que todavía había algo más.
—Abuelo, ¿por qué dijiste que mis papás no sabían lo que ibas a hacer conmigo hoy?
Su rostro cambió. Bajó la mirada y sacó una carta doblada.
—Porque antes de llevarte a conocer tu casa, debo entregarte esto. Es la última carta que escribió tu abuela para ti.
Con el corazón acelerado, la abrí.
La primera frase me hizo romper en llanto:
“Mi querida Emily: si estás leyendo esto, significa que ya cumpliste 25 años. Yo no pude verte crecer, pero quiero que sepas que desde el primer día fuiste uno de los regalos más hermosos de mi vida”.
Continué leyendo mientras mis manos temblaban.
“No sé qué clase de mujer serás cuando llegue este momento, pero estoy segura de que tendrás un corazón maravilloso. Nunca permitas que nadie te haga sentir que vales menos de lo que eres”.
Y al final decía:
“Tu abuelo me prometió que te entregaría esta carta. Cuídalo mucho, mi niña. Él siempre ha sido el amor de mi vida y estoy segura de que también será uno de los grandes amores de la tuya”.
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