
Durante mucho tiempo, Daniel consiguió ocultar ante los demás una realidad que cada día se volvía más difícil de controlar. Su vida se había ido deteriorando poco a poco hasta quedar prácticamente irreconocible.
Había perdido empleos, se había alejado de personas que alguna vez fueron importantes para él y su relación con su familia estaba prácticamente destruida. El consumo de metanfetamina había ocupado un lugar central en su vida, mientras su salud física y emocional se deterioraba.
Comía muy poco, dormía apenas unas horas y había llegado a pesar alrededor de 42 kilos.
Cada vez que se miraba al espejo encontraba un rostro que apenas reconocía. Muy lejos quedaba aquel joven que alguna vez había imaginado terminar sus estudios, formar una familia y construir un negocio propio.
Pero, en medio de uno de sus momentos más difíciles, ocurrió algo aparentemente sencillo que terminó cambiando su manera de pensar.
UNA MAÑANA QUE PARECÍA COMO CUALQUIER OTRA
Daniel estaba sentado solo cerca de una estación de autobuses. No tenía un plan claro para ese día ni sabía qué iba a hacer con su vida.
Mientras revisaba algunas de sus pertenencias encontró una pequeña Biblia que su madre le había regalado años atrás.
Al sostenerla entre sus manos recordó una frase que ella solía repetirle:
“Mientras estés vivo, todavía puedes tomar una decisión diferente.”
Aquellas palabras adquirieron un significado distinto aquella mañana.
Por primera vez en mucho tiempo, Daniel dejó de pensar que su situación era definitiva.
Decidió pedir ayuda.
No fue el comienzo de una transformación instantánea. Su recuperación tampoco ocurrió de la noche a la mañana.
Pero aquella decisión representó el primer paso.
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