**”Proyecto Final – Diciembre”.**

Lo abrió.

Y lo que vimos nos dejó todavía más aterrados.

Era una lista de propiedades, cuentas bancarias y seguros de vida.

Mi nombre aparecía en una columna.

El de Daniel, en otra.

Debajo había cantidades de dinero y fechas.

—¿Qué significa esto? —pregunté.

Daniel comenzó a revisar las páginas.

Entonces encontró una frase escrita al final del documento:

*”Cuando todo esté listo, ninguno de los dos tendrá razones para sospechar”.*

Sentí un escalofrío.

Aquello ya no parecía únicamente una infidelidad.

Había dinero de por medio.

Y posiblemente algo mucho peor.

—Tenemos que hablar con un abogado —dije.

Daniel asintió.

Pero justo en ese momento, su teléfono comenzó a sonar.

Era Laura.

Los dos nos quedamos inmóviles.

Daniel contestó y activó el altavoz.

—Hola, amor —dijo ella alegremente—. ¿Cómo estás?

—Bien —respondió él, intentando mantener la calma—. ¿Y tú?

—Cansadísima. La reunión fue larguísima. Ya quiero regresar a casa.

Escuchar su voz me provocó una mezcla de tristeza y rabia.

Entonces Daniel hizo una pregunta.

—Laura, ¿conoces a alguien llamado Andrés?

Andrés es mi nombre.

Del otro lado de la línea se hizo un silencio absoluto.

Cinco segundos.

Diez.

Finalmente, escuchamos su respiración acelerada.

—¿Por qué me preguntas eso? —dijo.

Daniel me miró.

—Porque Andrés está sentado frente a mí.

La llamada se cortó inmediatamente.

Intentamos comunicarnos nuevamente, pero su teléfono estaba apagado.

Esa noche casi no dormí.

A la mañana siguiente, Daniel recibió un mensaje de un número desconocido.

Solo decía:

*”No debieron abrir ese documento. Ahora los dos están en peligro”.*

Debajo había una fotografía.

Era una imagen tomada desde afuera de la casa de Daniel.

En ella aparecíamos nosotros dos, sentados en la sala, la noche anterior.

Sentí que se me helaba la sangre.

Alguien nos había estado observando.

Y entonces Daniel recibió otro mensaje.

Esta vez era una fotografía de su hija Sofía, jugando en el jardín de su abuela.

El texto decía:

*”Si quieren proteger a sus familias, dejen de hacer preguntas”.*

Continúa en la página siguiente

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