Ella empuja el carrito todos los días. Barre, recoge, trabaja sin detenerse.
Y entre todo eso, también cuida.
Su hijo va con ella. No está aparte ni esperando en casa. Está ahí, en sus brazos, entre escobas y esfuerzo, recibiendo besos rápidos antes de seguir.
No es una escena preparada ni una foto bonita para la cámara. Es la realidad de una madre que hace lo que puede con lo que tiene. Trabaja, protege y ama al mismo tiempo.
Porque cuando se trata de un hijo, no hay cansancio que pese más ni trabajo que no valga la pena.