Mi jefe pensó que yo era la amante de un millonario, pero no sabía que era mi hermano


Aquella mañana el ambiente en la oficina era más pesado de lo normal.

En cuanto crucé la puerta del despacho de Ethan Blake, supe que algo no estaba bien. No levantó la vista de los documentos que tenía frente a él. Permanecía inmóvil, con las manos apoyadas sobre el escritorio y la expresión mucho más seria de lo habitual.

—Siéntate, Lily —dijo con una voz fría.

Obedecí sin entender qué estaba pasando.

Después de unos segundos de silencio, por fin habló.

—Necesito hacerte una pregunta… y quiero que me respondas con total sinceridad.

Lo miré confundida.

—Claro. ¿Qué sucede?

Ethan respiró profundamente antes de decir aquellas palabras que jamás imaginé escuchar.

—¿Desde cuándo tienes una relación con Adrian Lockwood?

Sentí que el tiempo se detenía.

Por un instante pensé que había escuchado mal.

—¿Perdón?

—Anoche los vi salir juntos de la gala. Él te puso su saco sobre los hombros y después subieron al mismo automóvil.

No podía creer lo que estaba escuchando.

Mi hermano mayor.

El hombre con quien había crecido toda mi vida.

Y Ethan pensaba que era mi novio.

Quise explicarlo de inmediato, pero la sorpresa me dejó completamente muda.

Él interpretó mi silencio como una confirmación.

Bajó la mirada y continuó hablando.

—No me interesa juzgar tu vida personal, Lily. Lo único que necesito saber es si entraste a Blake & Co. porque Adrian te lo pidió.

Aquellas palabras me dolieron más de lo que esperaba.

Durante meses había trabajado hasta altas horas de la noche, había organizado reuniones imposibles, resuelto problemas que nadie quería enfrentar y apoyado a Ethan cuando la empresa parecía a punto de desaparecer.

Y ahora él creía que yo era una infiltrada.

—¿Eso es lo que piensas de mí? —pregunté con la voz temblando.

Ethan no respondió.

Su silencio fue suficiente.

Me levanté lentamente.

—Entonces nunca confiaste en mí.

—No dije eso.

—No hacía falta decirlo.

Tomé la carpeta que estaba sobre el escritorio y me dirigí hacia la puerta.

Antes de salir, Ethan volvió a hablar.

—Cuando vi cómo él te cuidaba… perdí la cabeza.

Me detuve unos segundos.

—¿Por la inversión?

—No.

—¿Entonces?

Él bajó la mirada.

—Porque me dolió verlo hacer algo que yo quería hacer desde hace mucho tiempo.

Mi corazón comenzó a latir con fuerza.

Durante meses había ignorado los pequeños detalles.

El café que aparecía cada mañana sobre mi escritorio.

Los taxis que insistía en pagar cuando salíamos tarde.

La manera en que siempre encontraba una excusa para asegurarse de que llegara bien a casa.

Ahora todo tenía sentido.

Antes de que pudiera responder, la puerta del despacho se abrió de golpe.

—¡Lily!

Reconocí aquella voz al instante.

Adrian entró sonriendo, con un traje gris impecable y una bolsa de desayuno en la mano.

—Mamá dice que estás trabajando demasiado y que seguro no desayunaste.

Yo cerré los ojos por un segundo.

—Adrian… este no es un buen momento.

Él miró a Ethan, luego a mí y finalmente volvió a sonreír.

—Parece que interrumpí algo interesante.

Ethan dio un paso al frente.

—Señor Lockwood…

Adrian levantó una ceja.

—Señor Blake.

La tensión podía sentirse en todo el despacho.

Finalmente Adrian habló con absoluta naturalidad.

—Por cierto… deja de interrogar a mi hermana como si hubiera cometido un delito.

El silencio fue inmediato.

Ethan abrió los ojos con sorpresa.

—¿Tu… hermana?

Adrian soltó una pequeña risa.

—Sí. Lily Lockwood. Mi hermana menor.

La expresión de Ethan cambió por completo.

Primero incredulidad.

Después sorpresa.

Y finalmente una vergüenza tan evidente que ni siquiera intentó ocultarla.
Continúa en la página siguiente

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