
Sonreí.
—No fue el clima.
Ese mismo día pedí algo extraño.
Que apagaran temporalmente el sistema automatizado de ventilación del ala de los niños.
Vincent dudó.
—Si hay algún problema, quiero saberlo.
—Precisamente.
El doctor Blake apareció cuando escuchó lo que estábamos haciendo.
—Esto es una pérdida de tiempo.
Lo miré.
—¿Está seguro?
—Completamente.
—Entonces no tendrá problema con que revisemos todo.
Su mandíbula se tensó.
—Claire, usted no entiende cómo funciona la medicina.
—Y usted parece olvidar que dieciocho meses de tratamientos tampoco encontraron respuestas.
El silencio fue inmediato.
Vincent no intervino.
Por primera vez, dejó que alguien cuestionara al médico que había contratado.
Un técnico llegó esa tarde.
Revisó los conductos.
Los filtros.
Las conexiones.
Durante casi una hora no encontró nada.
Hasta que llegó a la habitación de los niños.
Se detuvo.
—Señor Moretti…
Vincent se acercó.
—¿Qué ocurre?
El técnico sacó una pequeña pieza del interior del conducto.
No era parte del sistema original.
Era un dispositivo añadido.
Un filtro modificado.
Mi corazón se aceleró.
—¿Qué es eso?
El técnico negó con la cabeza.
—No debería estar aquí.
Lo examinó.
—Parece un difusor secundario.
Vincent palideció.
—¿Alguien lo instaló?
El técnico asintió.
—Sí.
—Y no fue hace mucho tiempo.
La policía llegó esa noche.
No porque Vincent fuera un hombre poderoso.
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