
—Algo que debí entregar hace cuatro años.
Abrió la caja.
Dentro había una carta.
Con el nombre de Isabella escrito en el sobre.
—La señora Moretti me pidió que se la diera a Vincent si alguna vez sospechaba que algo iba mal.
Sentí un escalofrío.
Tomé la carta.
La primera línea decía:
“Vincent, si estás leyendo esto, significa que alguien intentó hacerte creer que me fui por accidente.”
Levanté la mirada.
Porque de repente entendí algo.
Los niños no eran la única verdad que alguien había intentado ocultar.
La muerte de Isabella tampoco había sido un accidente.