
—¿Entonces te casaste conmigo para vengarte de él? ¿Para hacerme pagar a mí por sus crímenes?
Damián negó lentamente con la cabeza. Su ojo sano se suavizó con una ternura inesperada.
—El día del incendio, la única persona que se negó a abandonar la fábrica y me ayudó con baldes de agua a mantener la puerta del sótano abierta hasta que saqué al último niño… fue tu madre, Sofía. Ella inhaló tanto humo tóxico esa tarde que sus pulmones jamás se recuperaron del todo. Ernesto la engañó durante años, ocultándole la verdad.
Me llevé las manos al rostro, recordando las crisis asmáticas crónicas de mi madre y cómo mi padrastro la manipulaba haciéndola sentir una carga inútil.
—Hace dos meses —añadió Damián sacando un documento legal con sello notarial—, descubrí que Ernesto planeaba entregarte a ti como garantía ante un prestamista clandestino en el extranjero. Te habrían arrebatado tu vida y tu libertad. La única forma legal e irrevocable de ponerte bajo mi protección y quitarte de su tutela fue este matrimonio por conveniencia. Compré tus deudas, blindé tu patrimonio y te traje aquí no como una prisionera, sino como la heredera de todo lo que tu familia intentó robarle al mundo.
El silencio que siguió en el despacho fue roto por el timbre estruendoso de la reja principal.
Damián miró la pantalla del circuito cerrado de televisión en su escritorio. En la entrada de la mansión estaban mi padrastro Ernesto, mi hermanastra y dos de sus abogados, sonriendo con descaro y exigiendo la entrega del pagaré de liberación de deuda que Damián les había prometido firmar tras el primer mes de bodas.
—Es hora de terminar con esta farsa —dijo Damián, ajustándose el saco negro con impecable elegancia—. Acompáñame, Sofía.
Bajamos la imponente escalera de mármol hacia el vestíbulo principal. Al vernos aparecer juntos, Ernesto soltó una carcajada cargada de cinismo:
—¡Mírenlos, qué linda pareja! Espero que mi hijastra haya aprendido a tolerar el mal olor de este chiquero, señor Vance. Vinimos por los pagarés firmados y el cheque prometido, tal como acordamos en el contrato de bodas.
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