El aire se me escapó de golpe. Los recuerdos de las últimas semanas me cayeron encima como piedras: Elena siendo excesivamente atenta, llevándome el café al cuarto, insistiendo en que “firmáramos pronto la renovación del seguro médico escolar para no perder la cobertura”. Había sido una trampa fría, calculada día a día frente a mis narices.

—¿Por qué no la confrontaste en la casa? —le reclamé, con las lágrimas ardiéndome en los ojos—. ¿Por qué traerme aquí como si fueras un secuestrador, quitándome el celular, asustándome hasta la muerte?

—¡Porque la casa está vigilada, carajo! —gritó él por primera vez, perdiendo la compostura—. Elena no está actuando sola. El abogado que contrató es su primo, y tienen gente rondando la colonia desde que cumpliste los diecinueve. Si yo te decía algo allá, si te negabas a firmar, ella se habría dado cuenta de que sabíamos todo y habría acelerado el bloqueo de las cuentas ante un juez. Te traje aquí porque esta casa está a nombre de Ana y no figura en ningún registro digital público. Y porque aquí… —señaló el fondo de la caja metálica— están los originales. El testamento hológrafo de Ana, las cartas notariales selladas y el video.

—¿Qué video?

De la caja sacó un pequeño casete de cinta magnética de formato antiguo, guardado en una funda de plástico transparente junto a un reproductor portátil de baterías.

—Ana sabía que Elena era ambiciosa. Eran amigas antes de que yo anduviera con ella. Ana grabó esto desde la cama del hospital, tres días antes de morir, con el notario presente. Declaró explícitamente que bajo ninguna circunstancia Elena debía tener injerencia o tutela sobre sus bienes, y dejó dicho que si alguien intentaba desconocer tu capacidad legal, se abriera un proceso penal de inmediato. Si Elena lograba hacer su movimiento primero, estos papeles no habrían valido nada en un tribunal corrupto. Pero si nos presentamos nosotros primero con el notario original de Ana… todo lo que Elena armó se cae a pedazos.

Me quedé mirando el casete. Luego tomé la libreta de pasta dura color vino. Al abrirla, una fotografía suelta cayó al suelo.
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