
—¡Cállate la boca, estúpido! —chilló Courtney, brincándole encima a Brandon y soltándole un manotazo en el rostro.
—¡Policía, aseguren a la mujer e inmovilicen al sujeto ya! —ordené con voz de mando, sacando las esposas de mi cinto y aventándoselas a Miller a la mesa—. ¡Muévete, Miller, o te voy a meter a ti también en el reporte de encubrimiento!
Miller y otro oficial reaccionaron en chinga. Agarraron a Courtney del brazo mientras la vieja pataleaba, gritaba groserías y maldecía a media comisaría. A Brandon le pusieron las esposas sin que metiera ni las manos; el tipo estaba destrozado, llorando como un chamaco regañado al darse cuenta de la estupidez que había cometido por dejarse manipular.
Me regresé de volada con mi papá, que seguía temblando en la silla. Me hinqué frente a él, le tomé las manos con mucha delicadeza y le acomodé la manga.
Continúa en la página siguiente