
—En el hospital.
Hubo un silencio.
—¿Otra vez con sus dolores imaginarios?
Sentí que algo dentro de mí se rompía definitivamente.
—Hace cinco semanas la trajiste aquí. El médico recomendó pruebas urgentes y tú decidiste ocultármelo.
No respondió.
—¿Por qué? —pregunté.
—¡Porque siempre exageran todo! ¡No iba a gastar una fortuna por unos dolores de estómago!
Cerré los ojos.
—Nuestra hija tiene una masa abdominal. Los médicos están investigando qué es.
Por primera vez, mi esposo se quedó completamente callado.
Después susurró:
—¿Qué tan grave es?
—Todavía no lo sabemos. Pero lo que sí sé es que ella te tenía tanto miedo que prefirió sufrir en silencio.
Colgué.
No quería seguir escuchando excusas.
A la mañana siguiente, el especialista entró en la habitación con los resultados.
Habían identificado un quiste ovárico de gran tamaño que estaba provocando complicaciones y necesitaba tratamiento quirúrgico.
La noticia nos asustó, pero el médico explicó que las pruebas no mostraban, por el momento, signos claros de malignidad.
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