
—Lo sé. Por eso necesitamos investigar antes de sacar conclusiones. Además, hemos identificado una variante genética que ambas comparten y que también podría estar presente en el donante. Tenemos que evaluar si representa algún riesgo para los bebés.
Las lágrimas comenzaron a correr por mis mejillas.
—¿Nuestros hijos están en peligro?
—No necesariamente. Compartir una variante genética no significa que vayan a desarrollar una enfermedad. Pero debemos realizar estudios adicionales.
Salimos de la clínica completamente destrozadas.
Aquella noche llamé a mi madre.
—Mamá, necesito preguntarte algo. ¿Hay algún secreto sobre mi nacimiento que nunca me hayas contado?
Al otro lado de la línea se hizo un silencio interminable.
Finalmente, escuché su voz temblorosa.
—Sarah… ¿por qué me preguntas eso?
Le conté lo que había dicho el médico.
Mi madre comenzó a llorar.
—Hay algo que debí contarte hace muchos años.
Sentí un escalofrío.
—¿Qué cosa?
—Antes de que nacieras, tu padre y yo atravesábamos problemas de fertilidad. Recurrimos a un donante anónimo.
Me quedé sin palabras.
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