—Ustedes querían que renunciara a mi trabajo, ¿no? —continué, dando un paso hacia ellos—. Querían que fuera la abnegada ama de casa que no sale, que no convive con nadie y que se queda a servirles la sopa caliente. Pues adivinen qué: si no trabajo, no gano. Y si no gano, no hay tarjetas de crédito, no hay seguros de gastos médicos mayores, no hay medicamentos de patente, no hay gasolina y no hay despensa gourmet.

El timbre de la puerta sonó con tres golpes firmes.

Eleanor dio un brinco, todavía con la máquina de insultos trabada en la garganta.

—¡No me puedes dejar sin mis medicinas, mocosa insolente! ¡Soy una mujer de la tercera edad, te puedo demandar por abandono!

—Demándame —sonreí—. Y de paso explícale al juez cómo entraste a mi cuarto mientras dormía para trasquilarme y humillarme.

Fui a la puerta principal y abrí. En el porche estaban mi abogada, la licenciada Mariana Soto, acompañada por dos oficiales de la policía municipal y un cerrajero con una caja de herramientas pesada.

Daniel se acercó corriendo a la entrada, perdiendo por completo la compostura.

—¿Qué es esto, Sofía? ¿Estás loca? ¡Soy tu esposo! ¡No puedes meter policías a la casa!

—Señor Daniel Navarro —intervino la abogada Soto, sacando una carpeta con sello judicial de recibido—. Vengo a notificarle una orden de restricción provisional en contra de la señora Eleanor Navarro por violencia física, psicológica y allanamiento de morada con premeditación y alevosía. Asimismo, como la propiedad pertenece al cien por ciento a mi representada y el matrimonio fue bajo régimen de separación de bienes, les otorgamos exactamente treinta minutos para sacar sus pertenencias personales básicas. Todo lo demás se resolverá mediante el juicio de divorcio incausado que ya fue radicado en el juzgado familiar esta mañana a primera hora.

—¡Mamá! ¡Dile algo! —gritó Daniel, con la voz quebrada y los ojos desorbitados del pánico—. ¡Sofía, por favor, hablemos! ¡Mamá cruzó la línea, te lo dije! Yo no quería que te cortara el cabello, fue una tontería de viejita, ¡el cabello te va a crecer en un par de meses! ¡No puedes dejarnos en la calle, no tengo ni para pagar la renta de un departamento!

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