
—Si le cuentas algo, Adrián creerá que lo haces para separarnos.
Entonces llegó una llamada inesperada. Era Álvaro, el hermano menor de Adrián.
—Tengo documentos que necesitas ver. Y tengo que confesarte algo.
Esa noche apareció con extractos, correos y un contrato privado firmado por Clara y Sergio 11 meses antes de la boda.
El destino no había comenzado por casualidad.
Había sido planeado antes de que Clara se convirtiera en su esposa.
PARTE 3
Álvaro no se sentó al entrar en la habitación de la pensión. Dejó una carpeta gruesa sobre la mesa y quedó de pie, con la mirada clavada en el suelo.
Durante meses había trabajado de forma ocasional para Sergio, revisando facturas y entregando documentación. Tenía deudas después de cerrar un pequeño negocio y aceptaba cualquier encargo que le permitiera mantenerse a flote. Clara descubrió su situación y le ofreció dinero a cambio de firmar autorizaciones que, según ella, formaban parte de una reorganización patrimonial de Adrián.
Al principio, Álvaro no vio nada extraño.
Después empezó a ser demasiado.
Había correos donde Clara ordenaba que los pagos destinados a Teresa se desviaran a una cuenta temporal. Había mensajes donde Sergio preguntaba cuánto podía retirar sin despertar sospechas. Había incluso una tabla donde figuraban los 1.200 euros mensuales de Teresa bajo una categoría llamada “ajuste familiar”.
—Cuando entendí lo que estaban haciendo ya había firmado 3 documentos —confesó Álvaro—. Me amenazaron con decir que yo era parte del fraude si hablaba. Y me callé.
Adrián levantó la vista.
— ¿Sabías que mamá estaba lavando ropa para otros?
Álvaro apretó la mandíbula.
—Lo supe hace 5 meses.
Aquello dolio más que cualquier cifra.
Adrián se apartó de la mesa y abrió la ventana. El sonido del río llegaba lejano desde el valle. Durante unos segundos pensó en echar a su hermano de allí. Después recordó a Teresa dividiendo sus pastillas, escondiendo facturas y escribiendo cartas que nunca se había atrevido a enviar.
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