
—Mañana vas a contar todo —dijo.
Álvaro.
-Hacer.
Laura llegó desde Madrid esa misma noche. Durante horas organizaron la documentación, copiaron los correos, certificaron los movimientos bancarios y bloquearon los accesos de Sergio a las cuentas corporativas. También comunicaron los hechos al banco y prepararon una denuncia formal con asesoramiento penal.
Adrián quiso llamar a Clara inmediatamente, pero Laura se lo impidió.
—No necesitas una pelea. Necesita pruebas intactas.
Por primera vez en años, Adrián obedeció sin discutir.
A la mañana siguiente desayunó con Teresa como si nada hubiera ocurrido. Ella calentó leche, cortó pan y puso sobre la mesa un tarro de mermelada casera. Habló del tejado de Julián, de una vecina que se había mudado a Gijón y de una tormenta que había arrancado una rama del nogal.
Adrián apenas podía mirarla sin sentir un nudo en la garganta.
En un momento, Teresa abrió un cajón para buscar una cuchara. Él vio un sobre con 40 euros y una nota escrita encima: “Para cuando venga Adrián”.
— ¿Qué es eso? —preguntó.
Teresa cerró el cajón demasiado rápido.
—Nada.
-Mamá.
Ella sonrió.
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